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Una iniciativa de politikon.es

La dualidad e ineficiencia del mercado laboral constituyen uno de los principales problemas de España, y el contrato único indefinido es una medida adecuada para paliarlo.
Aquí explicamos por qué.

¿Qué es el contrato único?

1. Contrato único indefinido. Por defecto, todos los contratos serían indefinidos, con lo que se extiende la protección legal a los que ahora tienen contratos temporales.

2. Indemnización creciente en el tiempo. La protección media sería la misma que con el sistema actual, de modo que no se precariza más al conjunto de los trabajadores, pero se mitigaría la dualidad.

3. Sistema de “mochila austriaca”: cada trabajador es beneficiario de una cuenta de prestación por desempleo. El empleador haría aportaciones (iguales) a esa cuenta. Si el empleado es despedido, podría rescatar su prestación de esa cuenta (complementada por el estado en caso de ser necesario); si decide no hacerlo, o no la necesita, al final de su vida laboral esa cuenta se incorporaría a su pensión. Además, este sistema incentivaría la búsqueda rápida y activa de empleo cuando el trabajador perdiese el suyo.

4. La idea de un contrato único no significa abaratar el despido, ni desde luego es equivalente. Se trata de adoptar un nivel de protección intermedio único para todos, donde el nivel de protección medio podría ser menor, igual o mayor que en el statu quo actual. El coste medio del despido y el contrato único son por tanto cuestiones separadas.

Esto es solo un esquema. Para saber más, a continuación explicamos el problema del mercado laboral español.

El problema

El mercado laboral español ha estado tradicionalmente muy regulado, con un núcleo de contratos muy protegidos al que luego se fueron incorporando una miríada de contratos atípicos entre ellos los temporales. Las sucesivas crisis tras el agotamiento del modelo económico corporatista heredado del franquismo han dado lugar a reformas incompletas, que evitaban lesionar los intereses de los colectivos mejor representados sindicalmente sin atacar la raíz del problema.

En la actualidad contamos con una estructura dual de contratos indefinidos (muy protegidos) y contratos temporales (poco protegidos). Esa dualidad, sin igual en Europa, genera abundantes problemas y divide a los trabajadores en dos grupos diferenciados, los de primera y los de segunda. En este último grupo, el de los precarios, se encuentran colectivos vulnerables muy concretos: mujeres, desempleados mayores de 45 años, inmigrantes y, muy especialmente, jóvenes.

Mientras que un mercado protegido tiene al menos la ventaja de ser menos volátil a costa de una menor productividad y mayor duración media del desempleo, un mercado dual genera una volatilidad (pdf) similar a uno desregulado sin ofrecer sus beneficios. La alta tasa de temporalidad provoca una rotación entre empleo y desempleo desproporcionada e ineficiente. La dualidad nos condena a lo peor de ambos mundos.

Finalmente, la brecha de protección perjudica la productividad de las empresas: hace que sea preferible despedir a trabajadores más productivos pero menos protegidos que a trabajadores menos productivos pero más protegidos. Además, los trabajadores temporales se forman menos, y su carácter minoritario (entre un 20 y 30% según la fase del ciclo económico) hace que los sindicatos carezcan de incentivos para defender sus intereses.

Las últimas reformas laborales no suponen una mejora sustancial en ninguna de las partes del problema. Son necesarias medidas más completas y ambiciosas.

¿Por qué un contrato único?

1. Para acabar con la dualidad entre contratos temporales e indefinidos.

2. Para que las decisiones de contrato/despido dependan en menor medida de la protección relativa de cada trabajador y permitir que el empleador define plantillas por productividad.

3. Para que sea el estado quien decida el nivel de protección que ofrece a un desempleado. Para que la protección ante las inevitables fluctuaciones en la economía no condicione las decisiones de las empresas, y el coste de esas fluctuaciones sea asumido entre todos: flexiseguridad.

4. Para simplificar y facilitar la toma de decisiones de personal, evitando costes innecesarios.

¿Cuáles serán los beneficios?

Beneficia a...

1. Los colectivos desprotegidos.

2. Quienes tienen contratos temporales.

3. Todos: nuestra economía será más productiva, lo que tendrá un impacto positivo sobre los salarios y la recaudación.

4. Todos: habrá menos fluctuación del empleo.

5. Todos: facilitará la transición hacia un modelo productivo menos dependiente de la construcción y la hostelería.

¿Y a quién perjudica?

Perjudica, a título individual, a los trabajadores “de primera” que tienen antigüedad. Pero ellos también se beneficiarán de las ventajas económicas y sociales que nos afectan a todos.

Perjudica también a los intermediarios: ETTs, gestorías, bufetes especializados en derecho laboral que, con la simplificación contractual y la desaparición de los trabajadores temporales, perderán su razón de ser. Pese a que a corto plazo esto puede costar puestos de trabajo, a medio y largo plazo la mejora en la eficiencia económica redundará en beneficio de todos.

Concluyendo

Las ciencias sociales no nos ofrecen certezas ni soluciones fáciles. Ninguna reforma del mercado laboral hará que el empleo en España vuelva a crecer en el corto plazo, al menos hasta que haya pasado la recesión. Sin embargo, una propuesta de contrato único que ofrezca la misma protección media que el sistema anterior pero mitigando la dualidad, si se combina con otras reformas, sentará la bases para que la economía y el empleo vuelvan a crecer en el medio plazo y dejemos de ver como normales las tasas de paro que oscilan entre el 12% y el 20%. En definitiva, nos parece un modelo más justo, que defiende la igualdad de oportunidades y que no discrimina a los más vulnerables, particularmente a los jóvenes, en sus condiciones laborales.